miércoles, 25 de septiembre de 2019

Herederos de la crisis climática

Reunir las piezas de los episodios en apariencia fragmentarios de la crisis climática es un ejercicio de paciencia. Una vez reunidos los episodios es muy claro que lidiamos con una colección de problemas, un ejercicio "simple" de acumulación. Somos herederos de tradiciones y de historias pasadas. Mucho se ha hecho (y dicho) antes de nuestra existencia individual. Mucho se nos pierde en la densidad de los libros de historia. Como herederos de esta crisis climática haríamos bien en retomar algunos fragmentos.



Las emisiones previas a la crisis climática


El antiquísimo problema de las emisiones humanas es tan extenso que sería ingenuo creer que puede resumirse en una sola entrada. Las cortes romanas consideraron desde entonces este problema. Es más sencillo dar saltos en la historia: hay rastros del problema desde el siglo XVI. La principal fuente de emisiones en aquel tiempo era la extracción (minería) y quema de carbón.

La acumulación de historias sobre las emisiones está disponible en la voz de diferentes fuentes. Un fragmento de una descripción de Southwark en Londres del siglo XIX nos presenta una escena (pero hay muchas más en la colección fácilmente rastreables en internet):
Un olor maligno flotaba sobre las carnicerías y las pescaderías. Una casa pública envenenó toda una calle con vapores alcohólicos; de las rejillas de las alcantarillas se elevaba el miasma que después sería atrapado por el aliento.
George Gissing, 1893. 
La polución ha estado incluso escrita en la genética y no solo en los problemas respiratorios. Algunos estudios recolectan información sobre la altura y edad de personas en ciertas regiones y comparan la calidad del aire en ciertos periodos con la disminución de la altura de los individuos de generaciones anteriores y consecutivas. Por este y otros problemas, desde finales del siglo diecinueve empezaron a aparecer legislaciones en distintas regiones del mundo. La pretensión era la misma: resolver o al menos administrar la creciente producción de emisiones.

Legislar para sobrevivir


Entre los años treinta y sesenta del siglo anterior algunas ciudades vivieron crisis que intensificaron la urgencia. Tal vez la crisis más famosa ocurrió en Londres en 1952. Fue recreada para los espectadores del siglo XXI en algún episodio de The Crown: La Gran niebla (en inglés, the Great Fog, para esquivar, cuando sea posible, traducciones horrorosas). Otros casos en Bélgica (el valle de Meusée) y en Estados Unidos (Pensilvania, Misuri, Los Angeles y Nueva York) planteaban una y otra vez la necesidad común de llegar a un sistema efectivo para controlar las emisiones industriales.

En 1955 se creó la primera ley del aire limpio, la ley de control de polución del aire (Air Pollution Control Act) en Estados Unidos. La ley del aire limpio de 1963 (Clean Air Act, CAA) remplazó al anterior y recibió modificaciones posteriores en los setenta y noventa. Esto, curiosamente, nos lleva a la historia de la contracultura.

La niebla de la contracultura


El libro de Rachel Carson, Silent Spring, publicado en 1962 fue decisivo para el movimiento. En él la autora denuncia la contaminación de las industrias y sus efectos devastadores. El espíritu de la época se materializó en diferentes movimientos. Poco se ha escrito de los logros medio ambientales de esta generación. Y aunque hay textos sobre el tema es costoso acceder a ellos. Quizá uno de los pocos rastros que tenemos sobre la capacidad del activismo de modificar el mundo en tiempos de la contracultura está en el surgimiento del día de la tierra en 1970. También un texto menciona el  slogan "Give Earth a chance".


Hay elementos para suponer que muchas de estas modificaciones en las reglamentaciones están asociadas con presiones sociales. Pero sin fuentes accesibles es difícil imaginar hasta qué punto. Lo que está claro es que las modificaciones de la CAA componen una serie de controles que marcaron la historia del clima: control y limitación de las emisiones industriales, estado de la capa de ozono, emisiones de automóviles y aeronaves, composición de los combustibles. Diversos estudios hablan de la efectividad de esta medida. Hay críticas también, pero en lo que va de la historia parece considerarse una medida "exitosa" en términos de reducción de emisiones. Por ello se ha extendido para resolver otros problemas ambientales.

La administración de la crisis climática después de la lluvia ácida


La acidez de la lluvia es originalmente un fenómeno natural, explican las enciclopedias. (Procesos biológicos de los océanos, la tierra y los húmedales y actividad de los volcanes). Pero, como todos sabemos, el poder humano de reescribir la historia natural ha torcido el camino. El problema de la lluvia ácida como resultado de la actividad industrial se hizo visible en los setenta y demandó nuevamente modificaciones en los sistemas de control y desarrollo de conocimiento científico.

El Programa de lluvia ácida, en inglés Acid Rain Program (ARP), es uno de los intentos de extender una regulación para la deposición ácida. Se estableció bajo una modificación de la famosa Ley de Aire Limpio (Clean Air Act) en 1990. Otros sistemas aparecieron antes pero todo parece indicar que no fueron del todo efectivos. La novedad de este programa está en la comercialización de las emisiones.

El programa establece un sistema de "límite y comercio" de dióxido de azufre (SO2) y óxido de nitrógeno (NOx). Comerciar con gases parece una salida poco convencional en la historia del control medioambiental, pero a la vez derivaba de uno de los sistemas más conocidos por los humanos para ejercer control: los mercados. Estos no son fragmentos insignificantes de nuestro pasado, pues se convirtieron en un modelo para un sistema actual (uno de los tantos) que pretende controlar la crisis climática.

En el presente: el comercio en la crisis climática 


El mercado de carbono establecido en el Protocolo de Kyoto fue una respuesta "global" a un problema similar. El resultado fue un sistema creado a partir de la experiencia proporcionada por el programa de la lluvia ácida. Simplificado para el provecho de la difusión consiste en un mercado de carbono (sí, comercializar gases) con un número limitado de derechos para producir emisiones de carbono (medidas en unidades). Las transacciones se realizarían de acuerdo al programa a través de proyectos diseñados para crear y transferir créditos de carbono entre diferentes regiones del planeta desarrolladas o no.

Estos mercados proponen un sistema para disminuir las emisiones de carbono, por ejemplo, hacen visible el factor económico de la crisis climática y se adelantan a las intenciones humanas reconociendo que detrás del obrar colectivo están también los incentivos ($). Los enfoques de mercado son complementarios o alternativos a las leyes prescriptivas. No son la única solución, sino que se plantean como parte de una cadena de transformaciones. Los mercados como tal pretenden redirigir a empresas, gobiernos y finalmente individuos en sus decisiones. Ricardo Bayón escribe en el artículo Hacer que funcionen los mercados ambientales que en una cadena lógica se puede pensar que si la razón principal de nuestra crisis está en el sistema económico, la administración del problema desde el sistema económico tiene sentido.

El precio de la naturaleza


Las emisiones de dióxido de carbono y azufre no son los únicos bienes y servicios ambientales que se han llevado a los mercados. En Estados Unidos, Por ejemplo, han surgido mercados para cubrir áreas como agua, humedales e incluso especies en peligro de extinción. La promoción de instrumentos de conservación basados ​​en el mercado tiene un componente de monetización de la naturaleza. Esta no es la única propuesta para administrar la crisis climática, de hecho, todos los textos hacen énfasis en la necesidad de reunir un conjunto de métodos para atender la crisis. Este mercado, la economía verde y la monetización de la naturaleza genera críticas duras y razonables. Recientemente el discurso de la joven más popular del activismo medioambiental, Greta Thunberg, descalificaba la intención de continuar con el crecimiento económico a partir de la crisis. La crítica de Greta está basada en algunos puntos sencillos:

1. Se dedican más fondos para subsidiar la extracción de combustibles fósiles que para combatir el cambio climático. 

2. A pesar de que el problema es evidente desde hace varias décadas, pues desde los setenta se habla ya de "calentamiento global", la explotación de la naturaleza continúa su crecimiento exponencial. 

3. El dinero de los individuos ordinarios está yendo indirectamente a financiar la destrucción de la naturaleza a cambio de progreso, sin que se hable claramente sobre lo que está en juego.

Concluir (aunque no se pueda): un tema educativo


Lo cierto es que, más allá de la popularidad de ciertas opiniones, no es muy claro que este sistema, al que se dirigen grandes expectativas y críticas, sea o no efectivo. Docenas de textos analizan lo que la experiencia de los pocos éxitos y fracasos conocidos dejan para la historia. Los textos que consulté antes de terminar esta entrada concuerdan en que, al menos desde los resultados, es muy pronto para llegar a una conclusión sobre la efectividad del sistema. Las intenciones de anular el sistema plantean el gran problema de cómo hacer para pagar todo lo que requiere un mundo sostenible. Porque al menos, en mi forma de entender la economía, a pesar de que el dinero del petróleo signifique una fortuna para solo unos pocos, también fluye en direcciones mucho más complejas.

Tomar buenas o malas decisiones, idear planes que sean efectivos, en este punto de la crisis excede totalmente las intenciones. Obrar "bien" se ha convertido en una tarea complicada en la que de todas formas debemos tomar responsabilidad. El compromiso con las futuras generaciones de plantas y animales (incluyendo los humanos) exige un cambio de sistemas y para diseñarlos es necesario asumir un compromiso colectivo (de razonamiento y acción) nuevo para la historia. Entender todo lo que hay detrás de la crisis climática, educarse en lo que significa, no solo en términos biológicos, sino también políticos (pues la actividad humana es principalmente política) y económicos es parte indispensable de nuestra educación básica para afrontar este siglo. No es una tarea sencilla y tal vez muchos están detrás de la pantalla tan confundidos como yo sobre la dirección que deberían tomar. Tal vez algunas lecciones pasadas, como las piezas anteriores que conformar la crisis de hoy, sirvan para diseñar/ imaginar un camino, pero sin duda alguno este camino será totalmente nuevo.  

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